Victoria; the garden state

El día 6 de febrero empezó una nueva y diferente fase del viaje. Por un lado estaríamos más o menos quietos en un sitio por unos meses, y por otro lado, estaríamos separados. Yo, Koldo, me iba a Melbourne, Australia, donde siguiendo las recomendaciones de Alba, la directora del master de duelo, había contactado con un centro de duelo de referencia mundial. La idea era aprovechar al máximo los tres meses de visado de turista para estudiar y aprender de cómo trabajan.

Durante este tiempo Enara iba a India, donde después de un cuasi fortuito encuentro familiar en Delhi, haría un curso de Ayurveda (medicina tradicional India) en Baghsu, en las estribaciones del himalaya.         Mi vuelo salió antes, y como era más corto, pues llegué a mi destino mientras Enara aún esperaba en Auckland al avión que le llevaría a India via China.

Mi plan para hacer mi estancia lo más económica posible era hacer un helpx (trabajar unas horas al día a cambio de alojamiento y manutención) mientras dedicaba el máximo tiempo posible a estudiar y participar de las actividades del centro de duelo. Sin embargo, entre que en la casa había otro helper y que el director del centro estaba de baja, las primeras 2 semanas me las pasé viviendo en un backpackers en el centro de la ciudad. Por suerte, un amigo de un amigo tenía una bici que no usaba, así que los primeros quince días me los pasé conociendo la extensa y bien conectada red de bidegorris (carril bici) mientras visitaba diferentes bibliotecas para leer e ir puliendo el vocabulario técnico en inglés.

 

State Library of Victoria

State Library of Victoria

Casetas de Brighton Beach

Casetas de Brighton Beach

Atardecer desde la playa de Brighton

Atardecer desde la playa de Brighton

 

 

 

 

 

 

 

Durante mi primer fin de semana en Melbourne tuvo lugar el festival de música de St Kilda, un barrio costero. Muchos músicos locales en escenarios pequeños, grandes bandas en macro escenarios, y los Hare Krishna con su stand propio, cantando el hare-hare en versión rock. Muy variado!

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Carroza de los Hare Krishna en St Kilda Festival

Carroza de los Hare Krishna en St Kilda Festival

 

 

 

 

 

 

 

De vuelta en el centro de la ciudad, me di cuenta de que un hostal de mochileros no es un sitio tranquilo los fines de semana, así que planeé para el siguiente una salida al campo. Me hice con un saco de dormir de segunda mano, una tienda de campaña y una esterilla, y el segundo fin de semana me fui a caminar al bosque estatal del Yarra, donde el camino “walk into history” te lleva a través de un frondoso bosque a antiguas serrerías abandonadas tras sucesivos incendios en la primera mitad del siglo XX. Creo que esa ha sido mi primera experiencia de trekking de varios días en solitario (bueno, con sanguijuelas), y fue muy agradable y cómoda, ya que puedes llegar desde la ciudad en transporte urbano.

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Restos de antiguas serrerias y locomotoras para comunicarlas

Restos de antiguas serrerias y locomotoras para comunicarlas

A finales de la segunda semana ya empecé la serie de talleres que iba a hacer en el centro de duelo y durante el fin de semana me mudé a la que sería mi casa para los siguientes 2 meses y pico. Elegí este helpx porque estaba relativamente cerca del sitio en el que iba a estudiar (15 minutos en bus, 40 en bici), y la verdad es que ha sido una pieza clave en mi estancia en Melbourne. Los host (anfitriones) eran una pareja de setenta y pico y el trabajo a realizar muy variado: limpiar la casa, limpiar la piscina, hacer la compra, pintar alguna habitación, cocinar, pasear a los perros… La mujer se iba a operar la cadera, por lo que necesitaban a alguien que les echara una mano, y ahí entré yo.

Aprovechando la generosidad de mis anfitriones y las cálidas temperaturas del verano austral, uno de los fines de semana conduje hacia la peninsula de Mornington, la que cierra la inmensa bahía de Port Philips por el este. Llegué hasta el pequeño pueblo de Flinders, donde los locales pasan los domingos pescando desde el embarcadero. Había leído que era una zona propicia para el snorkel así que me llevé las gafas. Cuando llegué vi a algun buzo saliendo del agua y me animé, pero no vi nada más que la posibilidad de pillar un resfriado.

De camino a Rye, en la parte norte de la península, ya dentro de la bahía, vi un cadaver de kanguro en el arcén, así que paré al lado de unos coches y me fui a dar un paseo con la esperanza de ver a este gracioso animal también vivo.

Kanguros en la Mornington Peninsula

Kanguros en la Mornington Peninsula

En seguida vi a los primeros ejemplares, y luego a una manada de más de 50! En un momento dado, en una parte más frondosa, me crucé a escasos metros con 3 de ellos, que me miraron sorprendidos. Como pude saber al enseñarles las fotos a los colegas del centro, eran wallabies, o sea, kanguros pequeños.

 

Kanguros a lo lejos

Kanguros a lo lejos

 

Siguiendo las recomendaciones de unos campistas que me encontré en el bosque de Yarra, otro de los fines de semana visité el parque nacional de The Grampians. Tuve que trabajar más algunos días para poder tener un fin de semana de dos días, ya que, aunque para la mayoría de los australianos está “cerca”, son 300 km desde donde yo vivía!

El parque no es muy extenso, pero sus bosques y sobre todo su orografía bien merecen una visita. Al parecer, la masa de roca que lo compone tiene un grosor de 1800 metros!! y en la superficie crea sinuosos cañones y una sierra con un casco final bastante parecido al de la sierra Salvada.

The Grampians

The Grampians

El Gran Canon en The Grampians

El Gran Canon en The Grampians

El sábado aproveché la tarde para dar una vuelta circular que sube hasta un espléndido balcón y el domingo me lo reservé para completar una ambiciosa caminata de 26 km al Mt. Williams. Esta ruta no la había estudiado en casa, ya que mi plan era hacer otra en la parte, pero tal y como me dijeron en la casa del parque, esa zona lleva cerrada desde un tremendo incencio en 2013. Así que, usando una guía de 20 años atrás (primer error), elegí el recorrido más largo y accesible que tenía en las cercanías: travesía del Mt. Williams.

Dormí en el coche, cerca del parking de salida, y para las 6 am ya estaba adentrándome en el bosque siguiendo la luz de mi frontal. La ruta busca una vaguada y una vez que la cruza gana altura a su orilla. Lo accidentado del terreno hace que el riachuelo se convierta pronto en un barranco y desde el corte del mismo pude ver cómo el sol del amanecer iba pintando de naranja la cresta rocosa de la parte de en frente.

En un par de horas ya estaba en la cumbre, pero no estaba todo el pescado vendido. La ruta sigue el cresterío hacia el este y en 3 ocasiones hay que descender unos cortes muy abruptos para, a continuación, volver a recuperar casi todo el desnivel (unos 400 metros cada vez). Al lado del primero hay un campamento bastante bien montado. Queda más o menos en la mitad de la ruta y es donde pernoctan aquellos que la acometen en dos días.

La ruta sigue la línea del cordal, encaramándose a las distintas estribaciones que parecieran haber sido hechas con el mismo molde. Al norte, el corte del casco cae en picado sobre una inmensa planicie que se extiende vastamente 1000 metros más abajo. Al sur, las ondulaciones boscosas van bajando suavemente hasta el río que divide el parque. Cada una de las vaguadas que separan los diferentes peñascos ofrece un mirador parecido pero diferente al anterior.

Pasadas las 11 llegué al último farallón. Contento de que apenas me quedaban 6 km de bajada para completar la ruta, decidí parar a almorzar antes de internarme en el bosque. Miré el mapa orientándolo a ojo (error número 2) y vi casi exáctamente por donde debería ser la ruta de descenso. Empecé a bajar y de repente me pareció que no había camino. “Quizá vaya por el otro lado de la arista, luego lo miro”, pensé sin sacar la guía (error número 3).

Para cuando decidí sacar la guía ya llevaba 30 minutos bajando y al mirarla me di cuenta que estaba bajando hacia el sur, cuando la primera parte del descenso era hacia el este. Entonces vi en el mapa de la guía (de más de 20 años, recordad el primer error) una pista que al parecer cruzaba la cara en la que yo estaba un poco más abajo y que me permitiría retomar el camino. Como no tenía un mapa topográfico (error número 4), me compusé el plan usando los diferentes mapas a diferentes escalas que daba la guía.

Al de media hora más, y viendo lo abrupto del terreno, deseché la idea de encontrar pista alguna, y en vez de remontar la arista por donde había bajado, decidí tirar a derecho hacia el sur, para bajar hacia el río; “al fin y al cabo sólo son 4 kilómetros” (error número 5).

Pues bien, bajar esos 4 kilómetros bosque a través me llevó 4 horas!. Ataviado con un palo, abriéndome paso entre la maleza, caminé como pude colina abajo. Crucé ríos que no pude ubicar en la mierda de mapas de la guía y en más de una ocasión tuve que desandar lo andado por lo espeso de la foresta. Sin reservas de agua y no queriendo pensar en la multitud de arañas y serpientes venenosas que viven en este país caminé hacia abajo hasta dar con un peñasco rocoso. A punto de desfallecer, dudando ya de si estaba verdaderamente bajando hacia el sur, o incluso si el río y la carretara que dividen el parque estaban verdaderamente hacia el sur, me encaramé a la roca y trepé unos diedros sencillos (o por lo menos más sencillos que andar agachado entre zarzas).

Desde el pico que baje a derecho

Desde el pico que baje a derecho

No exagero si digo que los ojos se me llenaron de lágrimas al ver que el bosque llegaba a su punto más bajo en menos de 500 metros, por lo que allí tenían que estar la carretera y el río. Miré hacia arriba y saqué una foto, pues, en estado de alerta,  no me había parado ni un momento durante el descenso a documentar lo que os estoy contando. Bajé del peñasco hacia el otro lado y volví a abrirme paso entre arboles y arbustos. En este tramo se veían más túneles de paso de los mamíferos que habitan estos bosques, por lo que se podía avanzar más rápido hasta que, de repente, la carretera.

Todavía sin poder creermelo, erguido y pudiendo dar pasos largos, empecé a caminar hacia donde estaba el coche. Un capricho del destino: medio minuto después una equidina salió del bosque y cruzó lenta y torpemente la carretera, parándose a mirarme varias veces, como si pudiera leer en mi rostro mi gesto de asombro. Estos mamíferos similares a los erizos, tienen un hocico alargado y son, junto al ornitorrinco, los únicos mamíferos ovíparos.

Echidina

Echidina

En menos de cinco minutos pasó una pareja de canadienses y me recogieron. Al escuchar mi historia me dieron agua y frutos secos y me dejaron en el coche. Reponer fuerzas y sin pensarlo mucho retomar la marcha hacia la ciudad. Vaya lío!

Pasaron unas semanas en las que seguí yendo a estudiar al centro, participando en alguno de los grupos terapéuticos que tienen y continué haciendo las labores de casa hasta que llegó semana santa y con ella las ganas de volver a disfrutar de la espléndida naturaleza que tiene el estado de Victoria. Destino: Wilsons Promontory.

Esta península situada al sudeste de Melbourne es una abrupta lengua de tierra que acaba en el que es el punto más al sur en la australia continental. Una preciosa ruta de tres días y 65 kilómetros recorre casi todo el perímetro, pasando por unas playas paradisíacas desiertas, unos acantilados de vértigo y unos bosques mixtos que en algunos puntos dibujan paisajes casi mediterráneos.

En este caso Xavi, un arquitecto catalán que vive en Melbourne, se apuntó a venir conmigo (y eso que le conté la aventura de The Grampians). Entre dos es más ameno, y teniendo alguien con quien contrastar pues es más difícil cometer los errores de la vez pasada, así que sin sobresaltos y enamorados del paisaje, pudimos completar la vuelta con un tiempo buenísimo hasta que, al salir de la ducha ya en el camping de Tidal River, empezó a llover.

Para aprovechar también el último día madrugamos y gracias a eso pudimos ver pastando al lado de la carretera a unos Emus: unas aves gigantes parecidas a las avestruces. La fauna de este país no deja de sorprendernos.

 

Playa desertica

Playa desertica

Emus por la manana

Emus por la manana

El plan para este ultimo día fue visitar otro de los iconos naturales de Victoria: Philip Island, una isla en medio de una bahía, unida por una carretera, que además del circuito de motos donde se celabra el primer gran premio de la temporada, también alberga una gran colonia de pingüinos azules (sí, los mismos que vimos en la península de Otago unos meses atrás).

Llegamos a Melbourne sin ningún problema y ya en casa me entero que la carretera que vuelve del Wilsons Promontory ha sufrido retenciones de más de 3 horas debido a un accidente. Menos mal que madrugamos 😉

Y así llegó abril, y con él una buena noticia. Mi ama y mi tía Feli (sí, la misma que el año pasado nos visitó en Tailandia con mi hermano), se animaban a venir hasta aquí a visitarme. Así que finiquité lo que tenía entre manos y me reservé las últimas 2 semanas para viajar con ellas por Australia y más allá. Iuju!

Recolocando hacia el norte (3)

El día 28 de Enero pillamos el Ferry hacia Wellington. El buen tiempo nos permitió disfrutar de lo lindo del cruce del estrecho de Cook y la entrada en la bahía de Wellington nos recordó a aquella tarde que pasamos jugando a ser marineros en el Ballaena.

La ciudad ya la conocíamos un poco y pillamos un hostal a 10 minutos de Cuba Street. Uno de los motivos de pasar por Windy Wellington (ventoso Wellington) era ir a la embajada de India a por nuestros visados. Lo hicimos el miércoles 29, antes que nada. Fuimos paseando por al lado del parlamento y subimos a la calle de las embajadas. Esta zona de edificios oficiales no la conocíamos y gracias al buen tiempo pudimos disfrutar de un rico taco vegetariano en uno de los arreglados parques.

Lo del visado fue un poco chasco, porque esperábamos que nos lo concedieran para 6 meses y solo nos lo dieron para 4. Como no hay nada que hacer ante la burocracia decidimos que ya amoldaríamos nuestros planes y nos olvidamos del tema mientras celebrábamos el cumpleaños de Enara.

Al día siguiente estuvimos paseando por el puerto y más tarde nos juntamos en un bar con Pol y Fumi, una pareja de Barcelona que conocimos en Chch y más tarde de nuevo en Qtn. Nos pusimos al día y seguimos de chachara en un parque con unas cervezas hasta que unos policías muy amables nos dijeron que no se podía beber en donde estábamos y nos hicieron vaciar las botellas. 🙂

El viernes 31 empezaba nuestra siguiente recolocación, así que pronto a la mañana Koldo se fue corriendo (literalmente) al aeropuerto para recoger el coche que nos llevaría en 3 días hasta Auckland. Salimos de Wellington sorprendidos de las autovías de doble carril, pues en la isla sur no recordamos haber visto alguna.

Era la primera vez que conducíamos en la isla norte y los paisajes son bien distintos. La alta montaña deja paso a las suaves colinas y anchos campos de cultivo. Las infraestructuras parecen un poco más desarrolladas. A medida que ibamos hacia el norte el cielo estaba más cubierto y para cuando llegamos al Parque Nacioinal de Tongariro, lo que supuéstamente tenía que ser un cono volcánico enorme y perfecto, resultó no ser más que un monton de niebla baja y llovizna. Preguntamos en un camping sobre las opciones de hacer al día siguiente el “Tongariro Cross”, que dicen que es el trekking de un día más bonito del mundo (que manía con que todo tenga que ser lo más!) y nos dijeron que había un autobús que te permite hacer el cruce en una dircción, pero que la predicción del tiempo no era muy alentadora. Aún así nos retiramos pronto a cenar al Camping del Doc y a dromir por si al día siguiente estuviera despejado.

Abrimos el ojillo y vimos las mismas nubes o más, así que dormimos un poco más y durante el día paseamos por los campos de lava, en los que la lluvia a través de los años ha consegiudo abrirse camino y esculpir algunas graciosas cascadas. Antes de marchar visitamos la casa del Parque y vemos fotos y documentales explicativos sobre el parque. La verdad es que ya nos da pena no verlo, pero cuando reservas un sólo día para una actividad, pues es posible que ese día no se den las circunstancias.

Montamos de nuevo en el coche y nos dirigimos hacia Rotorua por la Thermal Highway (Autopista Termal). A ultima hora de la tarde seguimos nuestra intuición y haciendo caso a un pequeño cartel tomamos un desvío. En seguida vimos algunos coches aparcados y gente en bañador caminando bajo la lluvia. Este sí que es un buen plan para un día lluvioso!!

Aparcamos y nos unimos a la amalgama de gente de diferentes edades y procedencias que se estaban dando un chapuzón en una de las muchas pozas de agua caliente de la zona. La verdad es que un baño no nos venia mal, y con agua caliente mejor! Charlando con un lugareño nos cuenta que estábamos en una de acceso sencillo, y que por eso había bastante gente, pero que hay otras más íntimas y bonitas. Le tiramos de la lengua y nos dijo dónde poder encontrar una de esas en la zona.

Nos despedimos y buscamos un sitio para dormir en el coche. No habia zonas de acampada regulada cerca, así que improvisamos en las orillas de un pequeño lago y sin problemas. Por si acaso madrugamos antes de que nos vieran, y fuimos a la poza que nos recomendaron el día anterior. En ella una cascada de metro y medio vierte un generoso chorro de agua caliente, y la espuma se mezcla con el vapor que sube serpenteando entre las ramas de los arboles. Una estampa idílica, y con un olor a huevo podrido sin parangón. Jeje!

Bañados y relajados nos dirigimos hacia Rotorua, esa ciudad construida sobre una zona de altísima actividad termal, que además de valer para crear spas al aire libre también les vale para suministrarse de electricidad. Algunas casas están sorprendentemente cerca de los pozos de lodo hirviendo, y parece que hasta fuera peligroso, pero al visitante le ofrecen unos curiosos paseos entre parques, bosques y geiseres.

Tomamos un café revitalizante y condujimos hasta el lago Taupo, el más grande de todo el país. Desde una orilla no alcanzábamos a ver el otro lado, aunque dadas las condiciones de lluvia y niebla no era tan sorprendente. Paramos a almorzar y reservamos por booking un backpackers en Auckland, nuestro siguiente destino. Llegamos a la ciudad a la tarde y después de instalarnos nos dimos un vuelta por la zona del puerto, para situarnos.

Después del reconocimietnto el coche lo dejamos en el aeropuerto, el mismo aeropuerto del que partiríamos en unos días. Luego volvimos a la ciudad a dedo, y empezamos a pasear entre sus rascacielos boquiabiertos, a lo Paco Martinez Soria. También alucinamos con los yates y veleros del puerto deportivo, y en general pasamos cuatro días tranquilos, disfrutando de bonitas estampas urbanas, con sus parques y museos, mientras nos íbamos preparando para nuestra siguiente etapa separados: Enara en India y Koldo en Australia.

Ferry a Wellington

Ferry a Wellington

Puerto de Auckland

Puerto de Auckland

Auckland at night

Auckland at night

Parque en Auckland

Parque en Auckland

Lodo hirviendo en Rotorua

Lodo hirviendo en Rotorua

Cascada en el Parque Nacional de Tongariro

Cascada en el Parque Nacional de Tongariro

Infraestructuras mas desarrolladas en la isla norte

Infraestructuras mas desarrolladas en la isla norte

Parlamento de NZ

Parlamento de NZ

Recolocando hacia el norte (2)

Volvimos a QTN el lunes 19, hicimos las mochilas definitivas y estuvimos de charleta de despedida hasta la media noche. Al día siguiente recogimos un hyunday getz en el aeropuerto y arrancamos hacia el Parque Natural del Mont Cook, el monte más alto del país.

Condujimos hacia el norte hasta el Lake Pukaki, donde giramos hacia el este, ya orientados hacia las blancas cumbres de los alpes del sur. Al final del valle, un pequeño pueblo turístico alberga la casa del parque y un hotel de lujo de finales del XIX. Apartado del pueblo, un poco más adentro en el valle un aparcamiento que es un Camping del DOC (Department of Conservation). Desde allí salen varias caminatas, algunas a picos menores que ofrecen panorámicas, otras que se integran en los glaciares de altura…

Aparcamos nuestro cochecito y montamos detrás de él una minúscula tienda de campaña que habíamos comprado por un par de dólares. La montamos alegremente bajo el sol, pero para cuando llegó el momento de acostarse en ella el gélido frío de la montaña nos hizo pensarnoslo dos veces y acabamos durmiendo dentro del coche, donde podíamos arrancar y poner la calefacción si hacía demasiado frío.

A la mañana siguiente elegimos hacer una caminata hasta el lago del glaciar Hooker. El camino está muy bien señalizado y nos enconctramos a bastante gente acercándose a ese mismo punto. Sin apenas subir desnivel en seguida te encuentras rodeado de rocosos picos con cumbres heladas. La verdad es que este país es una pasada en cuanto a la concentración de paisajes extraordinarios y facilmente accesibles en tan poco espacio. ¡Y pensar que hacia el oeste de estas cumbres vierten los glaciares de Franz Joseph y Fox!

Sin mucho demorarnos volvimos al coche, recogimos la tienda que nunca usamos y nos dirigimos a Christchurch. Devolvimos el coche en el aeropuerto (2 días, 2 $, pero en este caso no estaba incluída la gasolina) y nos vinieron a buscar los Boludos (Nicolás y Valentina, nuestros amigos argentines compañeros en Rainbow). Otro agradable reencuentro, esta vez sin mate, pero con unas chelitas para celebrarlo. Nos hospedaron en su casa, donde un compañero nos cedió su habitación, y dormimos como lirones.

El día siguiente, jueves 22 nos llevaron al aeropuerto. Nos despedimos esperando que no pase mucho tiempo hasta la siguiente, y recogimos el Toyota Corolla blanco que nos llevaría en 2 días hasta Picton, en el extremo norte de la isla sur. Salimos de Chch por la misma ruta que lo hicimos 6 meses antes, pero en esta ocasión no nos metimos hacia Hammer Springs, sino que seguimos hacia el norte y después de un despoblado puerto de montaña bajamos a la costa.

Así llegamos a Kaikoura, pueblito costero a orillas de una península que ya visitamos anteriormente desde Rainbow. Además de sus prósperas colonias de focas y los paseos en barco y helicóptero para avistar ballenas, Kaikoura es espectacular por sus montañas, cercanas a los 2000 metros de altitud y a escasos kilómetros de la costa.

Como el pueblo ya lo habíamos visto y dormir otra vez en un coche nos daba un poco de pereza, decidimos subir al refugio del Mt. Fyffe. Aún teníamos tiempo suficiente, así que recogimos la información y los tiket de pernocta en el centro del DOC, y nos enfrentamos al serio desnivel con ganas de comprobar lo que nos habían contado sobre las vistas desde la cumbre.

Después de 3 horitas de marcha llegamos al refugio poco antes del atardecer. Estábamos solos y no teníamos muy buenos sacos de dormir, así que lo primero fue hacer un poco de leña y encender el fuego. En seguida se hizo de noche y las estrellas conquistaron el firmamento. Hacia abajo, las luces de la costa delimitában el final de la planicie, y más allá, la oscura inmensidad del océano.

Nos despertamos con el amanecer y subimos hasta la cumbre (1602m) para comprobar, tal y como nos habían dicho, que mirando desde arriba hacia el océano, al estar tan cerca de la costa, se puede apreciar que la línea del horizonte no es recta, sino que hace la curbatura del planeta. Impresionante.

Bajamos ligeros y arrancamos. Después de unos kilómetros paramos a comer al lado de una playa y al retomar la marcha nos damos cuenta que con el sueño que tenemos no llegamos hasta Picton, así que, como ibamos con tiempo, paramos en la última playa antes de Blenheim a echar una cabezadita.

Sin más sobresalto llegamos a Picton, entregamos el coche en el muelle del ferry y nos instalamos en un backpackers que tenía un jardín muy chulo. Esta pequeña población queda al norte de la isla sur, al final de uno de los fiordos de Marlborough, y es campamento base para explorar el parque natural de Marlborough Sounds, ya sea a través de alguna de las rutas super conocidas, como la Queen Charlotte Track, otras rutas no tan transitadas o navegando por los laberintos de fiordos interconectados que lo componen.

El sábado 24 analizamos las diferentes opciones y decidimos quedarnos en Picton. Para hacer las rutas menos transitadas necesitas más días o contar con un taxi, en la Queen Charlotte track debe haber mucha gente y los precios de los hospedajes están muy inflados, y además teníamos un montón de entradas del blog pendientes. Así pues, decidimos pasar los siguientes 4 días paseando por el pueblo y sus alrededores, viendo los partidos de Nadal en el open de australia, comiendo fish and chips y subiendo fotos desde la biblioteca municipal, hasta que el miércoles 28 salimos de la isla sur más de 8 meses después.

En el puerto de Picton

En el puerto de Picton

Mt Cook desde Pukaki Lake

Mt Cook desde Pukaki Lake

Coche o tienda?

Coche o tienda?

Hooker Glaciar

Hooker Glaciar

Cumbre del Mt Fyffe

Cumbre del Mt Fyffe

Mt Cook

Mt Cook

Buen desnivel!!

Buen desnivel!!

La noche sobre la peninsula de Kaikoura

La noche sobre la peninsula de Kaikoura

Amanecer en el refugio del Mt. Fyffe

Amanecer en el refugio del Mt. Fyffe

Picton

Picton

Marlborough Sounds

Marlborough Sounds